martes, 5 de abril de 2016

La secta: A propósito del 18° Bafici


por Marcos Vieytes

Las políticas del macrismo son y han sido siempre criminales. Me refiero tanto a un rumbo económico estructural que condena a la pobreza a la mayoría, lo que en último término significa hambre y muerte literales, además del deterioro psíquico y el derrumbe anímicos relacionados, así como también a políticas fundamentalmente represivas de control social, y relaciones exteriores sometidas a las de EEUU, que exponen las vidas de todos nosotros a ataques terroristas y las de militares argentinos a incursiones armadas en el exterior como parte de acciones que no son de interés nacional prioritario. Los miembros del campo cultural que hicieron campaña por Cambiemos, sabiendo lo que estaba en juego para el país, también son responsables de ello*.

Críticos como Marcelo Panozzo o Javier Porta Fouz apoyaron explícitamente a Cambiemos durante los últimos años. Panozzo fue director del “Buenos Aires Festival de Cine Independiente” durante las últimas cuatro ediciones y Porta Fouz ha sido nombrado recientemente como tal, luego de haberse desempeñado como programador del evento durante varias ediciones consecutivas**. La adhesión y participación en la performance “Queremos preguntar” llevada a cabo en el programa Periodismo para todos, conducido por Jorge Lanata y transmitido por Canal 13, así como su aparición en la carta de intelectuales que apoyaron al macrismo en las últimas elecciones***, no dejan dudas sobre su militancia. Consecuentemente, ninguno de ellos firmó la carta dirigida a Horacio Rodríguez Larreta, actual intendente de la Ciudad de Buenos Aires, solicitando la renuncia de Darío Lopérfido****, Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, luego de sus declaraciones a propósito del terrorismo de Estado en la Argentina. Incluso si hubiesen firmado la solicitud y ella hubiera tenido el efecto buscado, persistirían los acuerdos de estos funcionarios con las políticas culturales y económicas criminales del macrismo que representan y difunden.

Cabe recordar algunos hechos de la 15° edición que exhiben la alineación institucional del BAFICI con la campaña que enarbolaba la bandera de la honestidad “republicana” para terminar apoyando la candidatura y elección de un presidente procesado: la utilización de La república perdida como bandera fílmica del eslogan homónimo esgrimido por los presuntos liberales que llevaron al macrismo al poder, así como el espacio central dado a El Olimpo vacío. La importancia que el festival le otorgara contrasta con el rechazo a una película no peor que aquella como Tierra de los padres, de Nicolás Prividera, en una de las ediciones previas dirigida por Sergio Wolf, también alineado sin fisuras con las políticas municipales macristas desde que asumió la dirección, justo después que Fernando Martín Peña, previendo los recortes presupuestarios y el tipo de política cultural que la asunción de Mauricio Macri como intendente de la Ciudad de Buenos Aires le acarrearía al festival, renunciara al cargo *****. En la misma tendenciosa 15° edición, ya dirigida por Panozzo, quisieron vetar al crítico Oscar Cuervo en la presentación de Kilómetro 111 a la que había sido invitado, pero los organizadores tuvieron que dar marcha atrás ante la difusión pública del hecho y el peligro de que los directores de la prestigiosa revista-libro, quienes no cedieron a la sugerencia de censura, levantaran el evento en solidaridad con su invitado.

Desde hace unos años, el BAFICI es llevado adelante por gobiernos y funcionarios -tanto administrativos como encargados de la dirección artística- que se caracterizan por el apoyo a políticas que fomentan la discriminación social y la concentración de la riqueza en detrimento de la mayor parte de la población. Pero esta es la primera edición del festival en que esas políticas del macrismo, para el que sus funcionarios han trabajado y trabajan como operadores culturales y propagandistas, ya no son sólo de alcance municipal sino que afectan a toda la nación. No sólo tergiversan el pasado, negando o minimizando el terrorismo de Estado, sino que también comprometen el destino de las generaciones venideras. Tampoco está claro aún si supondrán un beneficio para el mundo del cine en su conjunto, pero cuesta creerlo ante un rumbo político-económico estructural como el que ha sido tomado por el macrismo desde que está en el poder, congruente con el de su pésima administración de la Ciudad de Buenos Aires, no favorable al desarrollo de ningún tipo, salvo el concentrado y el especulativo.

Notas al pie

* Son muchos los críticos que no participaron activamente de esa campaña, quizá la mayoría, pero varios de ellos –cuanto mayores son su relevancia e influencia en los lectores, mayor es su responsabilidad- no escribieron ni una línea en sus medios ni se expresaron abierta o regularmente en las redes sociales a fin de impedir que un partido como Cambiemos- que ha probado la naturaleza contraria a los intereses nacionales de sus políticas económicas administrando la Ciudad de Buenos Aires y a los derechos humanos en general- llegara al poder, por más que una vez acontecido el hecho se lamentaran de ello en privado o sigan manifestándose abstracta y generalmente contra las injusticias del mundo mostradas por el cine. Puede que ahora sí se pongan a criticar al gobierno, pues a un “intelectual” le suelen rendir más las oposiciones ostentosas al Poder que su defensa crítica pero, repito, no escribieron ni una sola línea en sus medios ni se expresaron abierta y regularmente en las redes sociales a fin de impedir que un partido con una plataforma política tan clara como la de Cambiemos llegara al poder. Otros críticos, fanáticos del consumo pop que surfearon la ola kirchnerista con ostentosa algarabía, por estas horas se ufanan de su acceso a “medios prestigiosos” como La Nación.

** Un nuevo eslabón en su derrotero políticamente reaccionario, que va de la denuncia de la concentración del mercado de exhibición cinematográfica que supo encabezar desde las páginas de El Amante a sostener la política macrista de concentración de la riqueza por comisión u omisión de discurso en medios como La Nación y Clarín. En el momento en que se aseguró el acceso a ellos, junto con Gustavo Noriega deciden invisibilizar El Amante, como explicamos en su momento y pueden leer aquí.

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