sábado, 30 de abril de 2016

Nietzsche siempre vuelve

Con / contra la verdad



Esta tarde a las 17:00 hs. en Patologías Culturales (FM La Tribu, 88,7) vamos a retomar, junto a Maxi Diomedi, nuestras conversaciones sobre Friedrich Nietzsche:

Primer capítulo: se escucha acá (leer más acá).
Segundo capítulo: se escucha acá (leer más acá).
Tercer capítulo: se escucha acá.

Precisamente, en el tercer capítulo, que titulé Nietzsche contra Nietzsche, hablamos de un extraordinario ensayo breve que Nietzsche escribió en 1873, "Sobre verdad y mentira en sentido extramoral". A pesar de que se publicó póstumamente, es uno de los textos que mejor articula su posición de pensamiento: ahí, tempranamente, Nietzsche ya plantea que lo que se llama verdad es una mentira que el ser humano inventa para sobrevivir. En su sorprendente párrafo inicial, escribe:

"En un apartado rincón del universo, donde titilan innumerables sistemas solares, hubo una vez una estrella en la que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Ese fue el más orgulloso y el más mentiroso minuto de la historia universal, pero duró solo un minuto. Tras pocos resuellos de la naturaleza, la estrella se congeló y los inteligentes animales hubieron de morir".

Es muy provocativo ese comienzo y es insólita la perspectiva desde la que el narrador se coloca: da por ya terminada la historia humana. Lo hacer para bajar de un hondazo el prestigio del conocimiento y el estatus del hombre como ser racional. Dice: la racionalidad es nada más que un producto contingente y efímero en la historia del universo, inventada por una especie con el fin de sobrevivir -"auxilio de los seres más infelices, delicados y desgraciados"-, especie que al final, desde el punto de vista del narrador, ya desapareció. Todo lo que los hombres consideran verdadero y justo es un invento humano (demasiado humano, dirá pocos años después). Para Nietzsche, el principal equívoco de la historia de la filosofía (cuya línea dominante es racionalista) es tomar estos valores inventados por el hombre como si fueran verdades superiores al hombre. La verdad es mentira. El hombre la inventa para sobrevivir, pero después se olvida de que la inventó y la pone por encima de él. Esa es la tesis explícita que Nietzsche reiterará varias veces a lo largo de su obra.

Pero cabe preguntarse: ¿desde qué posición Nietzsche recusa esa mentira que se hace pasar por verdad? Si lo que se llama verdad es una mentira, ¿qué hace que la mentira sea mentira? Porque si no hay verdad, tampoco hay mentira. Él parece puesto en una posición con acceso a la verdad que le permite desenmascarar a la mentira como tal. Si yo no tengo acceso a la verdad, tampoco puedo denunciar que algo es una mentira.

"...durante toda la vida, el hombre se deja engañar por la noche en el sueño, sin que su sentimiento moral haya tratado nunca de impedirlo; mientras que parece que ha habido hombres que, a fuerza de voluntad, han conseguido eliminar los ronquidos".

¿Cómo? ¿Entonces hay hombres que han conseguido eludir la mentira? ¿Dirigiéndose hacia dónde? ¿Hay, entonces, un punto de acceso a una verdad verdadera? Este es el núcleo turbulento en el cual Nietzsche está colocado, el que sacudió su pensamiento y su cuerpo, el que lo puso en guerra contra sí mismo. Las interpretaciones postmodernas de Nietzsche se aferran a estas tesis para aplanarlas, en lo que se complacen en denominar "el ocaso de la verdad", sin dejarse sacudir por la conmoción que en el propio Nietzsche produjo esa tensión con/contra la verdad.

¿Qué sabe el hombre realmente de sí mismo? Inclusive, colocado como dentro de una vitrina iluminada, ¿estaría capacitado, siquiera una vez, para percibir de un modo total? ¿Acaso la naturaleza no le silencia la mayor parte de lo relativo a su propio cuerpo, para capturarlo y encerrarlo en una orgullosa y engañadora conciencia, ignorante de las volteretas de su intestino, del rápido fluir de su corriente sanguínea, de los complicados estremecimientos de sus fibras? La naturaleza arrojó la llave: ¡ay de la peligrosa curiosidad que, por una vez, intentara mirar por una hendidura hacia fuera y hacia abajo del recinto de la conciencia, que llegara a sospechar que el hombre descansa sobre lo despiadado, lo ávido, lo insaciable, lo terrible, en medio de la indiferencia producto de su ignorancia, como si dormitara sobre las espaldas de un tigre!”.

Acá dejamos y hoy la seguimos.

1 comentario:

Daniel dijo...

Muy bueno. Mas que interesante para escucharlo.