lunes, 15 de septiembre de 2014

¿Qué le pasa a la Presidenta? ¿A qué grado de aislamiento llegó?



El jueves escribíamos en este blog:

Los intentos de la derecha por esmerilar a Cristina no estarían funcionando

A la Yegua le estaría saliendo todo bien esta semana

Cada domingo renace la esperanza. Los columnistas de Clarín, La Nación y Perfil nos anuncian que ahora sí, que esta semana se va todo al carajo. Fernández Díaz y Fontevecchia nos explican que Cristina esta sumida en el aislamiento, que solo recibe a Kicillof y a su hijo Máximo, mientras funcionarios del ejecutivo le murmuran en off a Nelson Castro que ya no saben qué hacer, porque contra toda lógica Ella se obstina en ejercer la autoridad presidencial para la que fue elegida. No hay caso. Ella se emperra en desoír los consejos que el Doctor Castro le da por la tele. El aislamiento es tal que todo el PJ, los gobernadores, los senadores y los diputados se hallan en virtual rebelión, lo que hará muy difícil que las iniciativas del ejecutivo sean respaldadas por el Congreso, más allá del puñado de incondicionales de la Cámpora. El aislamiento se extiende también hacia el frente internacional e incluso los países antes aliados ahora toman distancia del régimen que se desmorona. El descontento de la población es tan hondo que los paros convocados por el sindicalismo opositor no consiguen adhesión masiva dada la enorme apatía de la sociedad.  (Completo acá)

Y ayer domingo Joaquín Morales Solá escribía en La Nación:


El evidente aislamiento de la Presidenta


Molesto y fatigado, un gobernador peronista se preguntaba si el gobierno de Cristina Kirchner se ha propuesto provocar a la sociedad. Esto sucedió antes de que la Presidenta anunciara la posibilidad de conspirativos estallidos sociales en diciembre próximo. Habían existido antes anuncios faraónicos. O declaraciones que niegan lo que es evidente. La propia Presidenta, Jorge Capitanich y Axel Kicillof estarían al frente de esa tarea de incitación a la rebeldía social. Ningún problema de la sociedad (economía e inseguridad, fundamentalmente) se resuelve nunca. ¿Por qué le agregan la frivolidad a la impotencia? Aquel gobernador supone que el Gobierno anda detrás de una profecía autocumplida. Quizá se equivoque: podría no haber una estrategia. Es chapucería, no más. (...)


¿Qué le pasa a la Presidenta, entonces? ¿A qué grado de aislamiento llegó como para creer que la promesa de un Hollywood folklórico podría disipar el miedo a perder el trabajo, los desquicios de la inflación o los crímenes de la inseguridad?  (Completo acá)

Esto es: nosotros escribimos gratis y en joda algo que días después escribe Joaquín cobrando alto cachet. Y lo más lindo es que hay boludos que lo leen y le creen.