jueves, 5 de marzo de 2015

La danza de los candidatos K , lo deseable y lo posible

Entre los kirchneristas hay ansiedad por las candidaturas. Y es lógico que así sea.

¿Por qué? Por varios motivos.

Después del enorme acto del domingo, la multitud en las calles se ha sentido oxigenada, despejada de la psicosis televisiva y conectada como pueblo. No sólo por la cantidad de personas que se presentaron, sino por la composición social (altamente policlasista, como ningún otro sector político convoca), la composición etaria (familias, niños, viejos, mayoría juvenil), el grado de adhesión y de atención a la figura de Cristina (3 horas y media de escucha fervorosa), estado de ánimo (mucha alegría). Cristina revalidó su liderazgo, único en la Argentina actual, aunque se trate de una primera minoría intensa. Ella volvió a hacer política e invitó a sus pares que también la hagan.

El fallo de Rafecas había quebrado el clima de policial negro que imperaba en la sociedad desde el 18 de enero, para encaminar el caso hacia la argumentación racional. La proliferación de escuchas solo logra devaluar su efecto por saturación (a menos que aparezca una escucha que exhiba un delito flagrante y no saraza; y que se tratara de funcionarios encumbrados del gobierno y no cuatros de copas). Ahora en la agenda mediática el caso Nisman compite (y va perdiendo) con el caso Angeles, Iron Mountain, las inundaciones, y su efecto político se vuelve neutro. Esta caída del impacto (cuando la derecha puso toda la violencia simbólica disponible y más aún, un muerto) termina por producir una sensación de fortalecimiento k. Difícilmente una revisión de la causa, más actuaciones procesales e incluso canchas embarradas puedan volver a reproducir el impacto inicial, porque el caso está tomando la forma de un culebrón que solo apasiona a los que carecen de política.

El Partido Judicial tuvo su primer gran traspié, con el reto político que Cristina le hizo en público a la Corte y el papelón de Lorenzetti del martes. Parece que el jefe de esta facción no tiene la estatura política que requeriría ponerse a pulsear con Cristina y, por más onda que le pongan los operadores mediáticos para ensalzar su figura, da la impresión de que Lorenzetti se manca solo. La corporación en su conjunto no logrará despertar la adhesión popular necesaria, más allá de los fanáticos antiK, deseosos de ilusionarse con cualquier cosa. Las imputaciones, indagatorias y procesamientos se devaluarán como defensas corporativas una vez que las tremendas acusaciones de encubrimiento al terrorismo y asesinato de un fiscal se hayan ido evaporando por inverosimilitud y desconexión con la vida cotitiana. La reacción debería escalar aún más su grado de violencia o escuchar el consejo de Cristina y hacer política.

El campo opositor se viene ordenando detrás de Macri. FAUNEN ya no existe. La UCR se atrinchera en los municipios y gobernaciones donde son competitivos y se alínean con Macri en la nacional. Massa se cae, no solo en las encuestas: empiezan los garrochazos de vuelta al FPV o hacia el macrismo. Los empresarios le cortaron el chorro del financiamiento de campaña y, como dice Manolo Barge, lo someten a una dieta de anchoas. Si en pocas semanas esta tendencia sigue, Massa empezará a analizar la posibilidad de bajarse a la provincia.

El eje ordenador de la política argentina sigue siendo hoy Cristina vs. los otros. Y el caso Nisman acentuó ese rasgo. El beneficiario de este efecto "anti" es Macri.

El kirchnerismo no tiene definida ninguna candidatura importante.

Scioli se estancó en las encuestas. Esto no es necesariamente resultado del desgaste que produjo el caso Nisman en el gobierno. Hay que tener en cuenta que Scioli es resistido entre muchos kirchneristas y el gesto de ir al espacio Clarín en Mar del Plata (poco antes de la muerte de Nisman) le puede haber restado muchos votos en el espacio FPV. Las relaciones de Scioli con Cristina son de fría amabilidad. No hay "candidato natural" ni ruptura política a la vista.

Randazzo crece de a poco, pero todavía no está instalado como candidato. La nacionalización de los ferrocarriles anunciada el domingo puede ayudarlo.

El amesetamiento de Scioli y el lento crecimiento de Randazzo ponen al espacio FPV en un equilibrio inestable. No se sabe si Cristina tiene deseos de inclinar la balanza hacia un lado o esperar a ver quién esté mejor posicionado en las encuestas.

El peronismo, que va a mantener los pies en el plato, mira con atención, sin terminar de definirse por un candidato.

Mi tesis: no todo se juega en el candidato a presidente. Un peronismo y un kirchnerismo alineados son altamente competitivos y la suerte no se agota solo con la cabeza de fórmula.

Para mí hay que pensar en un combo: candidato a presidente, vice, gobernador de la provincia de Buenos Aires y primer candidato a diputado por esa provincia; quizás podemos agregar al candidato a jefe de gobierno en CABA. En el balance entre kirchnersimo y peronismo se decide no solo la capacidad electoral sino (algo que no todos están teniendo en cuenta) la futura gobernabilidad de un período que (lo anticipó Cristina) va a ser políticamente muy difícil. Porque la relación de fuerzas en el país hoy es, y seguirá siendo, una situación de empate inestable entre las fuerzas populares y la reaccíón.

Para ese combo a completar hay varios nombres; algunos van a quedar en el camino. Enumero (sin orden de preferencia): Scioli, Randazzo, Aníbal, Uribarri, Domínguez, Bossio, Mussi, Taiana... ¿Cristina? (A partir del domingo algunos interpretan un futuro parlamentario para ella). ¿Moreau como extrapartidario? ¿Gabriela Cerruti en CABA?

Falta poco pero falta mucho.