Santiago Maldonado

Santiago Maldonado
Con vida te queremos

jueves, 14 de abril de 2011

Bafici 13/11

Béla Tarr: leves decepciones

por oac

O no tan leves.

En principio, tratándose de Béla Tarr, no hay decepciones leves, por varios motivos. Primero: porque nada en este director es leve. Aún sus máximas virtudes llevan el signo del exceso. Excesiva es esa obra maestra llamada Sátántangó (1194), 7 horas 40 de desborde cinematográfico, una de las piezas más influyentes del cine contemporáneo. Excesiva e igualmente estimulante fue su siguiente película, Werckmeister Harmonies (2000). Desde entonces las cosas no han ido tan bien para el cine de Béla. En segundo lugar, entonces, la decepción es grande por tratarse de uno de los autores de los que más cabía esperar diez años atrás. Da la impresión de que algo se agotó en él y que se resignó a hacer "películas de Béla Tarr". Lo cierto es que sus mejores películas plantean evidentes exigencias al espectador, pero había en ellas una complejidad narrativa, una riqueza novelística que se fue perdiendo. En esta, The Turin Horse, se muestra capaz de crear poderosas imágenes, pero ya no existe el andamiaje capaz de sostenerlas.

Se trata, nada menos, que del caballo del que se abrazó Federico Nietzsche en el momento de su colapso mental. Una voz en off, con la pantalla todavía negra, cuenta el episodio, dice los años de locura que a partir de ahí le esperaban al filósofo; y agrega: del caballo nada se sabe. Y ahí empieza un majestuoso plano del caballo avanzando por un páramo ventoso. Desgraciadamente ese largo plano secuencia, inolvidable, es el mejor de la película. Será imposible sostener esa tensión a lo largo de las dos horas y medias restantes. Queda claro que Tarr ve el futuro con mucho pesimismo, pero como materia fílmica estos presagios funestos no rinden.

Béla Tarr declaró a la prensa en Berlín que esta película cerraba un circulo. No está claro si es su despedida del cine o solo la conciencia de que esta etapa de su obra está agotada.

La que en verdad me decepcionó levemente es Nostalgia de la luz, de Patricio Guzmán. Pero eso lo dejo para más tarde.

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